

Que Lo sabe, no lo sabe se haya asentado con fuerza en la tarde de Cuatro no es ninguna casualidad. El concurso de cultura general presentado por Xuso Jones, que recorre las calles buscando participantes espontáneos, ha pasado de ser un entretenimiento ligero a convertirse en un pilar sólido junto a su ‘telonero’ vespertino: Todo es mentira, el programa de actualidad y humor que capitanea Risto Mejide.
Cuando Mediaset España decidió relanzar el formato clásico de Lo sabe, no lo sabe en agosto de 2024 tras años fuera de la parrilla, pocos podrían prever que terminaría destacando en una franja tan competitiva como la de la tarde. El regreso fue estratégico: justo después de Todo es mentira, un espacio que había venido consolidando audiencias y respeto entre el público gracias a la veracidad, ironía y mordacidad de Risto Mejide, y que poco a poco ha ido superando sus propias cifras históricas desde sus inicios.
La química entre ambos programas —primero la reflexión directa sobre la actualidad, luego el entretenimiento espontáneo en la calle— ha generado una cadena de fidelidad televisiva que sorprende por su consistencia. Lo sabe no lo sabe ha logrado cuotas especialmente notables: recientemente alcanzó alrededor del 6% en la tarde, un dato que para un concurso es muy destacable en Cuatro y muestra cómo ha logrado captar la atención más allá de su función programática como complemento de Todo es mentira. 
Gran parte de este éxito se debe al propio Xuso Jones, cuya naturalidad y sentido del humor han conectado con el espectador. Su estilo relajado, cercano y espontáneo completa de forma perfecta el tono más reflexivo de Risto Mejide, creando una especie de binomio televisivo que va más allá de la simple continuidad de programación: es una experiencia de tarde en la que el espectador pasa de la actualidad a la diversión sin fricciones. 
Además, la presencia de Xuso no se limita a la pantalla de televisión. Su vínculo con la audiencia se ha reforzado también a través de plataformas como el podcast, donde continúa con su tono desenfadado y sus “chistes imposibles” que ya son marca de la casa. Ese humor aparentemente sencillo, casi improvisado, funciona como hilo conductor entre tele y audio, permitiéndole expandir su presencia mediática y consolidar aún más su imagen como presentador versátil.
En definitiva, el éxito de Lo sabe no lo sabe es la culminación de varios factores: el respaldo de un potente programa previo como Todo es mentira, la simpatía natural y carismática de Xuso Jones y la capacidad de ambos formatos para conectar con públicos diversos. En una era de audiencias fragmentadas, mantener un 6% de share en la tarde no es un dato menor: es la señal de que Lo sabe no lo sabe ha encontrado su sitio y promete seguir creciendo.